El buen oficio de gobernar
A pesar del descrédito actual, y no tan actual, del oficio de político, la 'res pública' como sistema que la civilización, con gran numero de personas, eligió para garantizar la seguridad, el progreso y la atención a la población organizada como ciudananía, no debería menospreciarse en modo alguno ni ser rebajada al desprecio. Y es que los que suelen fallar son los actores que la interpretan, siendo elegidos, en sistemas democráticos, para ejercitarla en buena lid. El arte de gobernar es algo más, y requiere de muchas cualidades empezando por el amor a lo que se hace, y no amor a lo que puede obtenerse de lo que se hace, que es lo que suele pasar.
La Historia, con mayúscula, viene a repetirse demasiadas veces en toda clase de Imperios, paises, comunidades más o menos grandes, el gobernante de turno, llámese como se llame, pretende ofrecer una imagen de servidor público, que con su esfuerzo al servicio de sus gobernados, promete enmendar todo lo que no funciona, nadie mejor que él para hacerlo. Eso conlleva el progresivo control de todos los medios y recursos del Estado, sea cual sea éste, y la dotación de efectivos para protegerlo de oscuros enemigos, externos e internos. Es vital hacer creer que ellos, el partido gobernante, y nosotros formamos una especie de gran familia, que hemos dado ejemplo de buen hacer, cuando no de gestas heroicas, que poseemos un acervo común en lengua, tradiciones, cultura, únicos y genuinos. Todo esto revestido de mil formas y maneras, es el sustrato necesario para progresar en el jugoso cambalache de hacer negocio al mismo tiempo que política. Por supuesto tambien habrá factores externos que nos fastidian nuestros planes cuando las cosas no van bien, pero siempre existe el recurso de cambiar los datos para hacer creer que vamos bien cuando estamos mal porque podríamos estar peor, si no fuera por ellos. Tambien suele dar buenos réditos exacerbar la demagogia del odio señalando culpables con nombres y apellidos, ya sean actuales o de hace 50 años o más.
Por supuesto, seguro que hay quien sueña quizás, de modo sincero y generoso, cómo ser util a la humanidad, un gran científico, un deportista, un artista, incluso un político que honestamente sabe que puede producir con su trabajo mejoras en el nivel de vida de sus conciudadanos. Pero el sueño de una persona no suele bastar. Hace falta un sistema más complejo, elevarse al nivel de Partido, donde entra en juego ya un ideología que suele ser excluyente en muchos aspectos. Éste es el primer error de la sociedad del siglo XXI, seguir viendo ideologías con sesgos diferenciadores en la sociedad, en la economía, en la cultura. Se vende un producto al servicio de mis pensamientos que por supuestos son acertados, convenientes, justos, ecuánimes, sin dudas ni vacilaciones, y sin opción a otra opinión diferente. Solemos encorsetarnos en visiones estrechas de todo, cuando la actualidad, y mas habiendo transcurrido ya 18 años de esta centuria, ha demostrado que pueden hacerse pocas prediciones ya porque todo cambia muy deprisa, y seguramente nadie sabe a dónde nos dirigimos: tensiones internacionales, modelos energéticos, cambios en la cultura del trabajo, contaminación y medio ambiente, digitalización masiva y globalización, migraciones e integración en las sociedades mas prósperas. Vender hoy las ideas de izquierda y derecha ,se ha convertido en lo mismo que ofertar aperos de labranza ,como el arado romano, para roturar el campo. Hoy día tenemos ya otro mundo, nos guste más o menos, y se trata simplemente de saber como hay que gestionarlo. Los retos son muchos, de todo orden, y necesitamos más que ideólogos, buenos gestores.
Hay algunas cosas que considero íntimas, y que por eso salvaguardo para mi pero no puedo intentar imponerlo a la sociedad si todo el mundo no está convencido, por educación o tradición, véase mis creencias religiosas, o mis recelos sobre el aborto, el maltrato animal, la desigualdad de la mujer, la venta de armas, el cambio climático, las energías renovables, la seguridad nacional y el ejército, la deslocalización de empresas, las ayudas o la asistencias social a dependientes, las pensiones. Son todos temas importantes, controvertidos, pero en mayor o menor medida, el político no debe hacer apología de sus ideales, ni siquiera como partido, sino gestionarlo de manera adecuada en beneficio de todo el mundo, con imaginación, competencia, economía de medios, sin proselitismos, evitando la corrupción inherente a todo proyecto de presupuestos elevados.
Hemos complicado todo creyendo que se puede controlar el sistema creando mas controladores, y dejando que las opciones políticas sigan vendiendo demagogia, auspiciando niveles de administraciones superpuestas y con frecuencia enfrentadas. Quizás sea hora de replantearse muchas cosas porque hay papeles en este guión que han dejado de tener peso, y se han convertido en rémoras. Si la Monarquía, o las Autonomías, o Diputaciones, o Policias Locales, sirvieron en ciertas etapas de la historia, centenarias en muchos casos, puede que ahora prime adelgazar la cintura burocrática, definiendo cometidos, objetivos y recursos con claridad, como ha pasado por ejemplo en el campo de la producción económica, que antes necesitaba muchos brazos para producir poco y ahora pocos producen mucho.
De igual modo, hoy echamos en falta, en este barullo inmenso en que se ha convertido el pais, la UE, las grandes potencias, el mundo en suma, más que nunca, dialogo, consenso y soluciones concertadas. Más que me vendan ideologías quiero buenos gestores, amantes del hacer y no presumir, pero claro, quizás ya estariamos hablando de un político del futuro, de un rara avis destinado a hacer historia sin sombras.

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