Siempre al hilo de la actualidad, el nuevo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, juró hace poco su cargo en España por primera vez sin Biblia, y sin crucifijo, tal y y como era norma habitual: Jura Presidente
Los tiempos cambian, y muchas personas lo han visto como una avance en un estado aconfesional, el alejarse de una religión que ha dominado el panorama sociopolítico durante siglos. Una cosa es esa y otra desligarse de los innegables valores positivos y aportaciones a la cultura, al arte, la arquitectura, la enseñanza, la caridad, entre otras de la Iglesia Católica como parte esencial de nuestras raíces. Sin entrar en los servicios a la Fe ( sacramentos, caridad, asistencia espiritual, acompañamiento, misiones en tierras lejanas, salvaguarda de todo tipo de valores artísticos, etc..), dificilmente cuantificable en términos numéricos. Esta labor callada, de muchísimos cristianos entregados a tan preciadas tareas, en todos los ámbitos, no puede ser ofuscada y anulada por los evidentes errores, malos ejemplos, y ostentosos delitos perpetrados durante años ( pederastia, ambiciones económicas, escándalos poco edificantes), de unos pocos religiosos que de tal solo tienen el adjetivo. La iglesia en efecto, en todos sus siglos de historia ha pasado y permanece hoy día, cuasi como un Estado que debe manejar en un mundo convulso y violento siempre, sus estrategias de supervivencia. Y cuando de altos vuelos se trata ( tratados, concordatos, intereses, alianzas..), sobreviene siempre los peores defectos del ser humano, a nivel individual o colectivo, a veces porque no hay alguien al frente que tome drásticas decisiones al respecto, por temor al escándalo, o confiando en que se oculte siempre, uno de los errores más comunes en toda dirección grupal. Y de esos barros estos lodos, empañar todo un gigantesco hito cultural, religioso y humanista con las bajezas de algunos de los que han formado parte de él. Dos mil años de historia dan para mucho.
La clave está ahora como lo ha sido en ocasiones anteriores en retorcer el hecho político para atacar la religión, relacionándola solo con su cara menos amable, ignorando el sentimiento de mucha gente que piensa que es importante que pese a la aconfesionalidad de este nuestro país, no puede sin mas equipararse a la Iglesia Católica en España con cualquier otra confesión religiosa sin tradición ni historia. Y eso por no hablar de que podrá decidirse incluso en un nueva modificación de la Constitución algun día la separación completa Iglesia - Estado, pero jamás podrá despojarse al ciudadano comprometido con el desarrollo de su sociedad, de las emociones espirituales que conlleva un sentimiento religioso basado en el amor al prójimo y los valores más genuinos que hacen progresar en su conjunto a dicha sociedad.
Debemos separar Fe y Valores, pero a poco que se profundice, ambos convergirán en una única visión humanista que ha permitido el progreso de nuestra especie, al priorizar la belleza moral sobre la fría apetencia o el rudo instinto de supervivencia individual. Y cuando de compromiso individual hablamos, quiero distinguirlo de la acciones que aparentemente propugan un bien común cuando en el fondo van dirigidas a un intereses muy reducidos y concretos de unos pocos. Lo individual es discreto, callado, constante, paciente, lo otro a menudo ostentoso y llamativo con poco fondo verdadero.
Me ha gustado esta clásica descripción del autor Juan Eslava, en su Enciclopedia Eslava, sobre la esencia que debe primar en la educación ( clave de todo lo demás), y que 2000 años después no ha cambiado. Cuán diferente sería la sociedad si incidiéramos en todos y cada uno de estos valores a la hora de construir ciudananía. Olvidarlos sería sin más un mundo mucho más feo de vivir. Y en algunos casos, eso es lo que desgraciadamente estamos comprobando.
La expresión Romanum non est estaba continuamente en la boca del padre noble, que fomentaba en su hijo las virtudes exigibles en un romano: la fidelidad a su ciudad o clan ( fides), la devoción ( pietas), el valor (virtus), la independencia (libertas), y sobre todo la subordinación del individuo a la ley (lex), fundamento del derecho romano que es todavía la más valiosa aportación de Roma a la cultura Occidental.
A estas virtudes ciudadanas, el romano unía estimables virtudes personales: integridad ( probitas), juicio ponderado ( consilium), circunspección ( diligentia), autodominio (temperantia), tenacidad ( constantia). A los jóvenes se les educaba en la obediencia (obseqium), el respeto ( verecundia), la pureza ( pudicitia). Aún conviene añadir ciudananía ( auctoritas), responsabilidad ( gravitas), autocontrol (severitas), autoestima ( dignitas), tenacidad ( firmitas), laboriosidad ( industria), previsión ( prudentia), honradez ( veritas), austeridad ( frugalitas), cortesía ( comitas), discreción ( clementia), civilidad ( humanitas), amor a al cultura, respeto al orden natural, patriotismo (piedad).
La clave está ahora como lo ha sido en ocasiones anteriores en retorcer el hecho político para atacar la religión, relacionándola solo con su cara menos amable, ignorando el sentimiento de mucha gente que piensa que es importante que pese a la aconfesionalidad de este nuestro país, no puede sin mas equipararse a la Iglesia Católica en España con cualquier otra confesión religiosa sin tradición ni historia. Y eso por no hablar de que podrá decidirse incluso en un nueva modificación de la Constitución algun día la separación completa Iglesia - Estado, pero jamás podrá despojarse al ciudadano comprometido con el desarrollo de su sociedad, de las emociones espirituales que conlleva un sentimiento religioso basado en el amor al prójimo y los valores más genuinos que hacen progresar en su conjunto a dicha sociedad.
Debemos separar Fe y Valores, pero a poco que se profundice, ambos convergirán en una única visión humanista que ha permitido el progreso de nuestra especie, al priorizar la belleza moral sobre la fría apetencia o el rudo instinto de supervivencia individual. Y cuando de compromiso individual hablamos, quiero distinguirlo de la acciones que aparentemente propugan un bien común cuando en el fondo van dirigidas a un intereses muy reducidos y concretos de unos pocos. Lo individual es discreto, callado, constante, paciente, lo otro a menudo ostentoso y llamativo con poco fondo verdadero.
Me ha gustado esta clásica descripción del autor Juan Eslava, en su Enciclopedia Eslava, sobre la esencia que debe primar en la educación ( clave de todo lo demás), y que 2000 años después no ha cambiado. Cuán diferente sería la sociedad si incidiéramos en todos y cada uno de estos valores a la hora de construir ciudananía. Olvidarlos sería sin más un mundo mucho más feo de vivir. Y en algunos casos, eso es lo que desgraciadamente estamos comprobando.
La expresión Romanum non est estaba continuamente en la boca del padre noble, que fomentaba en su hijo las virtudes exigibles en un romano: la fidelidad a su ciudad o clan ( fides), la devoción ( pietas), el valor (virtus), la independencia (libertas), y sobre todo la subordinación del individuo a la ley (lex), fundamento del derecho romano que es todavía la más valiosa aportación de Roma a la cultura Occidental.
A estas virtudes ciudadanas, el romano unía estimables virtudes personales: integridad ( probitas), juicio ponderado ( consilium), circunspección ( diligentia), autodominio (temperantia), tenacidad ( constantia). A los jóvenes se les educaba en la obediencia (obseqium), el respeto ( verecundia), la pureza ( pudicitia). Aún conviene añadir ciudananía ( auctoritas), responsabilidad ( gravitas), autocontrol (severitas), autoestima ( dignitas), tenacidad ( firmitas), laboriosidad ( industria), previsión ( prudentia), honradez ( veritas), austeridad ( frugalitas), cortesía ( comitas), discreción ( clementia), civilidad ( humanitas), amor a al cultura, respeto al orden natural, patriotismo (piedad).