Algunas reflexiones sobre un tema que es tan antiguo como la humanidad misma, al menos desde que la especie humana resolvió dirimir las disputas mediante un árbitro, o terceras personas que escuchando a las dos partes, resuelvan lo mejor para ambos si se puede, o como se decía antiguamente, 'dar a cada uno lo que le corresponde'. La Ciencia jurídica es enorme, y como no soy experto en ella, (como en tantas cosas), solo voy a hacer un ejercicio de bajar a la realidad del día a día, desde donde todos miramos a esa dama subida en un pedestal, con una venda en sus ojos y una balanza en las manos.
Me gusta en casi todos los temas, como científico al fin que soy, diseccionar la compleja realidad fríamente, y saber por qué se dan comportamientos, individuales o colectivos, capaces de poner en jaque a un estamento hasta entonces sólido en su poltrona. Aunque he de reconocer que aquí no valen tanto las matemáticas o la fisiología, sino el fino instinto de la intuición y la constatación de que genéticamente estamos condicionados para seguir una estela, un grupo, un estado de opinión, y raramente, y esto es lo más triste, tenemos opinión propia basada en la realidad, que conocemos con más o menos profundidad. Y frecuentemente, en esta era que se dice ser la de la información, es precisamente cuando tanta cantidad de datos, llevan a menudo a un estado de confusión colectiva y disparate generalizado, como en tiempos recientes en que hemos presenciado en un caso de violencia sexual ( de los miles que por desgracia ocurren en este mundo desde que es tal), llevado a extremos absurdos por una fuerte corriente medíatica donde poco menos que se han pedido cabezas guillotinadas.
Y es que en situaciones así, lo fácil es hacerlo difícil, complicarlo mezclando todo, viejos agravios, comportamientos sociales ancestrales, desequilibrios de género, independencia o historia personal de los jueces, linchamientos mediáticos a los condenados, todos a la hoguera no se hable más, viejas rencillas, feminismo en alza ( ya se le denomina nazi, otra incongruencia), por no hablar de ataques políticos aprovechando cualquier otro tema de actualidad, ¿resultado?. Caos, Confusión, descrédito. Lo único bueno es que con el tiempo, la tormenta va amainando y de un día para otro, se deja de hablar y casi todo el mundo olvida la lucha en que estaba, poniendo en jaque y con alarma social a un país entero.
Dicho esto, analicemos un poco que pasa en la realidad. Los ciudadanos, más cuando vivimos en una pretendida democracia donde el poder judicial debería ser independiente del político ( primera piedra de toque para muchos casos polémicos recientemente), aspiramos a que la justicia sea eso, limpia, transparente, ecuánime, infalible. Quizás estemos pensando más en la justicia divina que todo lo ve y todo lo sabe. Pero por desgracia, lo que tenemos es a menudo, unos buenos profesionales, pero una caótica organización, falta de medios, saturación de trabajo, y presiones desde muchos ámbitos. Y si el caso es peliagudo, que de todo hay, tambien casi la seguridad de que el fallo no dejará satisfecho a casi nadie. Dura profesión.
En los anales de nuestra historia, siempre me llamó la atención cuando lees por primera vez, en el Libro I de los Reyes, el llamado Juicio Salomónico. Hoy inconcebible pese a la evidente astucia del Rey que rápidamente pudo saber ,apelando a su intuición del comportamiento femenino, quién era la verdadera madre del niño en disputa. Pero había riesgo y mucho, de errar en la sentencia a poco que la respuesta de las dos hubiera sido otra.
Deben ser los teoricos de la Ciencia jurídica quienes avancen, como ha sido siempre en toda la historia, en sus cuadros teóricos y más en este mundo cambiante, lleno de evoluciones, nuevos tipos de delitos, como aplicar la Ley, que casi por lógica, será imperfecta porque la realidad es muy compleja, y se puede aspirar a hacer un catálogo de delitos, y penas, es un poco como en medicina, diagnosticar y despues tratar, y el tratamiento óptimo dependerá de todos los detalles de la patología y nunca hay seguridad de que funcionaré correctamente, si el caso es una enfermedad rara.
No está mal que se abran debates por ejemplo,y en ello está inspirada esta entrada, sobre los delitos de violencia sexual, cuya variedad y complejidad es enorme. Como en cualquier otro delito, se trata de que los abogados y el fiscal puedan demostrar fehacientemente los agravantes, hechos y atenuantes por más procaces que sean. Y en función de todo el cuadro, la aplicación de penas que estén vigentes en ese momento, pese a que las víctimas, familiares, y la sociedad sana, exijan más contundencia y veredictos finales con penas mayores. Supongo, que en este juicio, se pusieron encima de la mesa todos estos puntos, y otros que debieron ser valorados fehacientemente por el jurado compuesto por varios jueces, en los que hubo, sorprendentemente bastante concordancia en sus apreciaciones. No obsta para que se pueda tambien debatir como hemos sabido a posteriori, la idoneidad de la composición de dicho tribunal y sus antecedentes, pero eso pasa en cualquier juicio, y me viene a la mente uno personal que me hizo dudar de la cordura mental del que emitió la sentencia final que contradijo a todo lo anterior y daba carpetazo a un proceso judicial de 10 años. Con ellos hemos de convivir.
En los delitos de violencia sexual, y habrá tratados sesudos al respecto, solo lo miro desde el ángulo de ciudadano del siglo XXI en la sociedad occidental ( basta cambiar de siglo para entender como fue en épocas remotas, o no tan remotas), si se dan estos factores, y en qué grados de tentativa y consumación:
En los anales de nuestra historia, siempre me llamó la atención cuando lees por primera vez, en el Libro I de los Reyes, el llamado Juicio Salomónico. Hoy inconcebible pese a la evidente astucia del Rey que rápidamente pudo saber ,apelando a su intuición del comportamiento femenino, quién era la verdadera madre del niño en disputa. Pero había riesgo y mucho, de errar en la sentencia a poco que la respuesta de las dos hubiera sido otra.
Deben ser los teoricos de la Ciencia jurídica quienes avancen, como ha sido siempre en toda la historia, en sus cuadros teóricos y más en este mundo cambiante, lleno de evoluciones, nuevos tipos de delitos, como aplicar la Ley, que casi por lógica, será imperfecta porque la realidad es muy compleja, y se puede aspirar a hacer un catálogo de delitos, y penas, es un poco como en medicina, diagnosticar y despues tratar, y el tratamiento óptimo dependerá de todos los detalles de la patología y nunca hay seguridad de que funcionaré correctamente, si el caso es una enfermedad rara.
No está mal que se abran debates por ejemplo,y en ello está inspirada esta entrada, sobre los delitos de violencia sexual, cuya variedad y complejidad es enorme. Como en cualquier otro delito, se trata de que los abogados y el fiscal puedan demostrar fehacientemente los agravantes, hechos y atenuantes por más procaces que sean. Y en función de todo el cuadro, la aplicación de penas que estén vigentes en ese momento, pese a que las víctimas, familiares, y la sociedad sana, exijan más contundencia y veredictos finales con penas mayores. Supongo, que en este juicio, se pusieron encima de la mesa todos estos puntos, y otros que debieron ser valorados fehacientemente por el jurado compuesto por varios jueces, en los que hubo, sorprendentemente bastante concordancia en sus apreciaciones. No obsta para que se pueda tambien debatir como hemos sabido a posteriori, la idoneidad de la composición de dicho tribunal y sus antecedentes, pero eso pasa en cualquier juicio, y me viene a la mente uno personal que me hizo dudar de la cordura mental del que emitió la sentencia final que contradijo a todo lo anterior y daba carpetazo a un proceso judicial de 10 años. Con ellos hemos de convivir.
En los delitos de violencia sexual, y habrá tratados sesudos al respecto, solo lo miro desde el ángulo de ciudadano del siglo XXI en la sociedad occidental ( basta cambiar de siglo para entender como fue en épocas remotas, o no tan remotas), si se dan estos factores, y en qué grados de tentativa y consumación:
- Negación, forzamiento.
- Provocación, consentimiento parcial o pasajero.
- Actuación solitaria o en grupo, intimidante o no.
- Violencia para forzar los hechos
- Violencia durante los hechos.
- Tocamientos, consumación, desgarros, heridas de diversa consideración, muerte de la víctima.
- Condiciones personales:edad, madurez, desarrollo, condición física u otras ( minusvalías síquicas).
- Relaciones previas entre acusados y víctima. Familiares, amigos, conocidos, desconocidos.
- Antecedentes personales y penales de los primeros.
- Lugar, circustancias, del entorno donde se cometieron los hechos.
- Estado físico y síquico de ambos cuando se produjeron ( alcohol, drogas,...)
- Pruebas documentales ( videos, fotos, audios..). Testigos.
- Consecuencias y su gravedad para la victima posteriormente.

