sábado, 5 de mayo de 2018

¿Qué hacer con la corrupción? (I)

 Obviamente, la corrupción en cualquiera de sus mil formas imaginables, va a asociada a política, a poder más bien, no tiene éste por qué ser político. Y más asociado aún cuando se manejan fondos económicos, en una cuantía directamente proporcional al montante o presupuestos gestionados. Se da en poderes públicos, en ámbitos universitarios, militares, artísticos, deportivos..en sus diversas variantes

 Como se suele decir, corren ríos de tinta a diario con un escándalo tras otro, hoy hablaríamos más bien de que las redes sociales arden, cada vez que un nuevo caso sale a la luz, y nadie parece estar libre en ese mundo, de sospecha o pecado más o menos grave. Se ha convertido en un arma de desgaste del rival político, en cuanto que se trata de encontrar o destapar esos turbios asuntos para que haya dimisiones, escándalos, imputaciones, y condenas. Todo vale, con tal de que el resultado electoral se decante en nuestro favor, y el día de las votaciones aun esté fresco el escándalo, estos son más valiosos precisamente en época de elecciones.

 Por supuesto que este proceder, insisto, revestido de mil formas según la zona geográfica, el momento histórico, y otros condicionantes, ha existido desde que la civilización se organizó en comunas, polis, regiones de influencia, Imperios, con prebostes que dirigían a los grupos dominados, en medio de todo tipo de peligros, guerras, invasiones, lucha por los recursos, no dudaban en ejercitar un compendio de maniobras hoy tipificadas como delitos manifiestos (chantaje, extorsión, secuestro, prevaricación, y homicidio, claro), pero me centraré en lo económico. En tiempos modernos, aunque lo demás no ha desaparecido, la corrupción económica que es la madre de todas la corrupciones, se presenta como vencedora en el ranking de malos procederes en la política de los tiempos actuales. 


 ¿El corrupto responde a un prototipo de persona, o hay variedad de corruptos?. ¿Son efectivas las comisiones de investigación política, la fiscalía anticorrupción?. ¿Hay que castigar con el voto a los partidos que no toman medidas contra la corrupción?.¿Podemos aspirar a una sociedad limpia, un estrato político limpio, a un deporte o un sistema económico limpio?. La corrupción, ¿afecta seriamente a los resultados económicos de un país, o es más fuego de artificio y ruido que nueces?. Muchas preguntas a las que responder, intentando ser lo más ecuánime posible, sin que las pasiones de las preferencias políticas nos nuble la respuesta, que es lo que más a menudo sucede. Típico error de asociar la corrupción a un partido, que obviamente suele ser el que gobierna. La corrupción nace bajo el aforismo, hecha la Ley, hecha la trampa. Y eso vale para todos,  gobierne quien gobierne.

 Me centraré en España, porque las respuestas a todas esas preguntas antes planteadas nos darán un modelo orientativo a comparar con otros países, tanto del entorno como de otros continentes, donde las variaciones pueden ser muy grandes. Sería groso modo una radiografía somera de como nos manejamos en este tema aquí. Y saber si somos de lo peor, o no es para tanto.

 En esta entrada analizo someramente la primera cuestión, dejando para una segunda parte las posibles respuestas  a las demás cuestiones.

 En los tratados especializados, y si nos referimos a sistemas políticos democráticos ( en los otros simplemente la corrupción global es el sistema), podríamos hablar de corrupción de baja intensidad gradualmente ascendiendo a corrupción sistémica, dependiendo de la perfección de los mecanismos puestos en marcha para el único y definitivo fin del beneficio económico de los protagonistas. Pero hay algo curioso, y es que es precisamente la primera corrupción, la que accede apenas a comisiones, desfalcos, desvíos y hechos similares, es la más mediática en la sociedad, y sin embargo, la que menos afecta, al menos desde el punto de vista económico a las cuentas públicas. De hecho es un error muy común decir que si se devolviera el dinero de estos delitos, habría hasta para las pensiones. No quiero decir que no haya que vigilar cualquier ilegalidad en la gestión pública, pero esta suele ser al menos en España, pecata minuta respecto a las grandes estructuras que ni siquiera necesitan desviar, solo que las leyes les favorezcan en sus monopolios: Bancos, Eléctricas, Energía, Comunicaciones,  se llevan siempre la parte del león. Y si hablamos de cifras, simplemente no son comparables. Merece capítulo aparte, o más bien, muchos libros,  ver cómo los poderes políticos se sirven de estas entidades y viceversa, para simbióticamente, acceder a los recursos financieros de las clases medias cuando éstas han prosperado hacia un estado de bienestar: emprendedores, autónomos, asalariados, pensionistas, nadie se libra del afán recaudatorio en servicios básicos imposibles de eludir. Esa es la gran corrupción en mayúscula.

 Pero como digo examinemos un caso típico de corrupción de baja intensidad, aunque a los actores del burdo sainete les pueda parecer 'un pelotazo' la cantidad conseguida. El entramado suele corresponder a un grupo específico dentro de un partido político, aunque a veces puede haber más actores ( empresarios, siempre requeridos en el juego), sindicatos, y hasta policía, dependiendo del asunto del desfalco. Actúan con soberbia, a menudo no conscientes de la gravedad de sus actos, protegidos por instancias superiores del partido. Técnicamente dejan bastante que desear, aunque piensen que todo es fácil. Lo único que sí saben es que deben dejar el menor rastro posible. Esto de que ahora se puedan espiar mails, llamadas de teléfono etc..lo ha puesto más difícil todo, pero aun es viable.

Suele acontecer que la actividad delictiva se prolongue por años o décadas, y solo cuando algo se rompe dentro del entramado, las disputas, las vendetas, o la disminución de ingresos, aparecen las delaciones, traiciones, denuncias ante la fiscalía. Sin olvidar también que los intereses políticos dejan hacer a cambio de apoyos presupuestarios u otros temas que conviene no se toquen en aras de la 'pax'. Y estoy seguro de casi todos estos personajes, actúan con la ignorancia, soberbia, alegría, incompetencia y falta de valores necesarios todos para el fin perseguido. Sus cargos de conciencia suelen ser casi nulos, porque es fácil justificarlo, he llegado hasta aquí, he trabajado por la comunidad, y es lógico que se me recompense. Va mucho de esto en la no educación en los valores esenciales.

 En este link se puede constatar finalmente, qué sentimiento tenía el principal implicado en uno de los más famosos casos por implicar directamente a la Monarquía:

http://www.elmundo.es/loc/casa-real/2018/05/05/5aec914822601d28378b464e.html

sólo fue un "amigable componedor" sin conocimientos jurídicos.

Todo un paradigma de cómo actuaban y actúan muchos en el alero político económico de nuestro país.


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